
-¿Qué relación tenía usted con la víctima, Don Mario Martín Cascales?
-Era mi jefe.
-¿De qué va disfrazado usted?
-De Don Mario.
-¿Por qué eligió ese disfraz?
-Había que elegir uno de entre todos los empleados de la empresa. Él puso las reglas.
-¿A quién se refiere?
-A Don Mario, por supuesto.
-¿Por qué llevaba usted ese capuchón negro?
-Todos los asistentes a la fiesta lo teníamos que llevar, formaba parte del juego.
-¿Había más empleados disfrazados de Don Mario?
-Sí, la mayoría elegimos ese disfraz.
-¿En qué consistía el disfraz? ¿Cómo se podía saber que iban disfrazados de Don Mario? Usted lleva un traje aparentemente normal.
-Bueno, no es tan normal. Si se fija, es un traje ridículo. Pero el atuendo era lo de menos. Lo que realmente caracterizaba a Don Mario eran sus gestos, su forma de andar; con esos pasitos cortos y atropellados. Y, sobre todo, esa risita estridente de autosuficiencia.
-¿Por qué cree que Don Mario iba vestido con un uniforme?
-Porque se disfrazó de Elías, el conserje.
-¿Y el conserje ... de quién se disfrazó?
-El personal de servicio no puede asistir a las fiestas.
-¿Supo antes de su presunto homicidio que Don Mario iba disfrazado de conserje?
-Sí, era evidente.
-¿Por qué?
-Por la forma de andar y porque Don Mario no se disfrazaría de él mismo.
-Ya ... ¿Mató usted a su jefe?
-No, por supuesto que no.
-¿Tiene sospechas de quién pudo hacerlo?
-No, pero pudo ser cualquiera. Cuando se produjo el apagón, se oyeron varios gritos agudos y estridentes, como de un animal que está siendo sacrificado. Al rato, se encendieron las luces y Don Mario apareció tirado en el suelo, en medio de un enorme charco de sangre.





